Johan Cruyff, por Ángel Cappa.

Hace unos meses le pedimos a Ángel Cappa unas palabras sobre el legado de Johan Cruyff para un proyecto que, al final de cuentas, quedó trunco. Con la humildad de siempre, Ángel aceptó y nos regaló un maravilloso texto que debe ser leído.

A continuación, el ya citado. Que lo disfruten:

«Cruyff como jugador era completo: conocía el juego, tenía panorama, elegía siempre bien, tenía una técnica impecable, hacia goles, y era de una personalidad arrolladora. Los partidos se jugaban a su alrededor. Influía en los compañeros, por supuesto, en los rivales, y hasta en el árbitro que lo miraba de reojo antes de cobrar cualquier cosa. Nos recordó (ya lo había hecho Gento) que para ser mas rápido hay que saber frenar. Es decir, disminuía un poco la velocidad en la carrera y de pronto salía otra vez a todo trapo. Manejaba el engaño como pocos: si se paraba era porque iba a arrancar, si venia rápido era porque iba a frenar, si amagaba un pase gambeteaba, etc.

Y jugaba de jugador, o sea no tenía un puesto fijo, estaba donde hacía falta. Un crack de todos los tiempos.

Como entrenador fue un defensor a ultranza del buen juego, del toque como vehículo para controlar los partidos. Y también de los entrenamientos netamente futboleros, quiero decir alejados de las atrocidades que se cometían y se cometen con la preparación física. En una pretemporada hizo solo partidos de fútbol. Jugaba cada 2 ó 3 días (alternando jugadores por supuesto), para demostrar que eso era la mejor preparación. Ese año ganó la Liga y la Copa de Europa.
En fin, un personaje fundamental en la historia del buen fútbol.

Un abrazo, y gracias. Ángel.»

05 de febrero, 2017.

Originalmente publicada el 25/04/2017 en Fulbo.

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